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El Sitio de Cuautla.

Calleja, como se ve, no pudo conquistar ni un centímetro de la tierra de Cuautla, no obstante la calidad y cantidad de su ejercito, de la abundancia de sus alimentos y de la superioridad de su armamento; pero mataba de hambre a un pueblo y a sus heroicos defensores que con la calidad de su defensa se habían elevado a la gloriosa inmortalidad de los héroes.

El viernes 1º de mayo de aquel 1812, después de 71 días de soportar el sitio de Calleja, este ordeno suspender a las 12 y durante cuatro horas el bombardeo para enviar a Morelos un parlamentario que le entregara los pliegos de indulto de las Cortes españolas, para el y para cada uno de sus jefes principales. El Pliego- afirma la tradición- fue recibido por el gran Insurgente al pie de un árbol de “Cabellito” o Xiloxochitl ubicado en el cementerio de Santo Domingo desde donde despachaba y atendía los asuntos del sitio

Leyó Morelos el Texto y sin inmutarse tomo su pluma y escribió con mano firme y segura:

”Igual Gracias Concedo a Calleja y a los Suyos”.

No podía prolongarse más tiempo esta situación del pueblo y del ejército. El sufrimiento profundo de Morelos al comprobar los cuadros miserables y de enfermedad del Pueblo y sus soldados, y ante la imposibilidad de recibir auxilios pues el intento heroico de Matamoros fue infructuoso porque al pretender abrirse paso entre los realistas de Amilcingo para introducir todo lo que había reunido, fue rechazado con perdidas totales de lo que conducía y buena parte de su gente.

Esta fue la razón que obligo a Morelos a romper el sitio heroico. Esa misma tarde dio a conocer a todos sus colaboradores su última orden en Cuautla, antes de romper el sitio:

“Que las lumbradas de los Baluartes estén gruesas.

Que tras la avanzada vayan los zapadores con herramientas.

Siguese la vanguardia de caballería.

Luego media infantería.

Luego el cargamento de artillería.

Luego la otra media de artillería.

Luego la retaguardia de caballería.

Que se den velas dobles y se vendan las sobrantes y el jabón.

Que repartido el prest se de un peso a cada enfermo y la mitad del sobrante se traiga.

Que se junten 40 mulas y si no hay, que se reduzcan cañones.

Que se repartan los cartuchos a 5 paquetes: 2 tiros y clavo.”

Esa noche se reunió el Pueblo que pudo hacerlo y el ejercito insurgente en la plaza  de San Diego y a las 2 de la mañana del 2 de Mayo de 1812, cuando la luna en menguante se elevaba en el firmamento partió la columna por el callejón del El Encanto (ahora triunfo el sitio y fin de Rul, en donde estuvo la trinchera de Narciso Mendoza), y atravesando los Cañaverales de San Martin llego al lecho del rio y siguió su cause en completo orden y silencio. Muchos centinelas realistas enmudecieron por los cuchillos del Negro Carranza y del Cap. Aguayo que encabezaban la Vanguardia: pero a la altura de la Hacienda de Guadalupita fue sentida por la guardia de Amilcingo y a la voz de “quien vive”, Galeana le quito la vida al Centinela de un Balazo, cundiendo la alarma e iniciándose la persecución y combatiendo casi cuerpo a cuerpo a la mortecina luz de la luna.

Al escuchar Calleja los disparos, dispuso fuese cortada la retirada insurgente, pero fue inútil, sin embargo, los virreinales los persiguieron encarnizadamente al grado de que el realista Anastasio Bustamante se enfrento con su gente a la escolta de Morelos a quien defendió con la perdida de la propia vida. En tan critica circunstancia el caballo de Morelos tropezó cayéndose y el General sufrió fracturas de algunas costillas, quien monto otra cabalgadura y partió rumbo a Yecapixtla, Ocuituco, Tétela del Volcán y Hueyapan – en las estribaciones australes del Popocatepetl-en donde fue atendido de sus lesiones y así pudo continuar con su noble lucha por la independencia nacional y prepararse en Tehuacán para su asalto y toma de Oaxaca.

Solo así, sin ningún soldado insurgente fue ocupada Cuautla por el ejercito Virreinal, designando Calleja al Coronel José María Echeagaray gobernador del pueblo destruido, con el menguado batallón de Guanajuato y otros. Desde el inicio del asalto de Calleja el 19 de febrero, los templos y conventos de San Diego y Santo Domingo así como la hacienda de Buenavista fueron convertidos en Hospitales. Al ocupar Echeagaray el pueblo, se hallaban encamados 585 enfermos, muchos de ellos moribundos y también muchos cadáveres insepultos que agravaron el cuadro trágico de Cuautla pues de ese número fallecieron 575 del 2 al 7 de Mayo.

COSTOS DEL SITIO AL VIRREINATO

Los dineros gastados por el Virreinato para sostener al ejercito sitiador de Cuautla, fueron $563,426 pesos y 3 reales mas 7 granos en efectivo, sin incluirlas fuertes cantidades consumidas de municiones, zapatos, ropa, provisiones alimenticias, materiales de curación y medicamentos para que el ejercito no careciera de nada durante el prolongado sitio.

Esto habla muy alto de la abundancia en que vivió el ejército realista en contraposición con la carestía y el hambre del ejército insurgente cuya razón fue origen del rompimiento del cerco de hierro que había tendido Calleja alrededor de Cuautla.

Desde el Ingenio de Casasano escribió Calleja al Virrey: “Démosle gracias a este buen clérigo de que nos ha ahorrado la vergüenza de levantar el sitio, lo que nos habría hecho perder el poco concepto que conservamos”.

Para finalizar esta somera reseña del heroico sitio de Cuautla d 1812, transcribiré lo que acento Zarate en “México a través de los siglos”:

“El nombre de Cuautla como los de Sagunto, Numancia, Gerona y Zaragoza, simboliza el patriotismo ardiente elevado hasta el sacrificio y si la historia de la guerra que emprendieron nuestros padres solo por redujese a la defensa de aquel pueblo “Cuautla” esto bastaría para eternizar su recuerdo…”

Glorioso sitio que elevo a Morelos y a sus subalternos a la categoría de primerizas criaturas militares mexicanas.

Agradecemos a:

Prof. Raúl Solís Martínez
Cronista de la Cd. De Cuautla y la Región.

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